Hay aislamiento o pérdida de interés por lo que antes le gustaba
El niño o la niña que fue empieza a quedarse atrás… y aparece una persona nueva que todavía está descubriendo quién es.
Cambian las emociones. Cambia el cuerpo. Cambian las amistades. Cambia la forma de mirar el mundo.
Lo que antes era cercano puede sentirse invasivo.
Lo que antes era seguro puede vivirse como un límite.
Y lo que antes parecía claro, ahora genera confusión.
Muchos adolescentes oscilan entre dos necesidades muy intensas:
querer independencia… y seguir necesitando protección.
A veces se muestran desafiantes o distantes.
Pero muchas veces, detrás de eso, hay dudas, inseguridad y una búsqueda profunda de identidad.
Para las familias también es una etapa desconcertante.
Lo que antes funcionaba deja de servir.
La comunicación se complica.
Y aparece la sensación de: “ya no sabemos cómo ayudar”.
La adolescencia implica cambios normales.
Pero cuando el malestar se intensifica o se mantiene en el tiempo, pedir ayuda puede marcar una gran diferencia.
Hay aislamiento o pérdida de interés por lo que antes le gustaba
Aparecen cambios bruscos de humor o irritabilidad constante
Baja el rendimiento escolar o rechaza ir al instituto
Muestra inseguridad o baja autoestima persistente
Hay conductas impulsivas o de riesgo
Aparecen ansiedad, tristeza o apatía prolongadas
El uso de pantallas interfiere gravemente en su bienestar
La comunicación familiar se ha vuelto muy tensa
Sentís que está sufriendo y no sabéis cómo llegar a él o ella
La adolescencia no es un problema. Es una etapa de construcción.
¿Cómo entendemos lo que está viviendo un adolescente?
La adolescencia no es un problema. Es una etapa de construcción.
Muchas conductas que preocupan son intentos de adaptarse a cambios internos muy profundos.
En terapia observamos:
Cuando entendemos qué hay detrás de la conducta, dejamos de verla como un ataque… y empezamos a verla como un mensaje.
Creamos un espacio seguro donde el adolescente pueda hablar sin sentirse juzgado.
Un lugar donde pueda expresar dudas, miedos y emociones con libertad.
Durante el proceso trabajamos para:
Ofrecer un espacio de confianza
Desarrollar regulación emocional
Fortalecer la autoestima y la identidad
Acompañar a los padres
Mejorar la comunicación familiar
Trabajamos desde una mirada basada en el apego, el desarrollo evolutivo y el trauma relacional. No nos centramos solo en la conducta.
Miramos las necesidades emocionales que hay debajo.
Porque muchos adolescentes no necesitan más control.
Necesitan sentirse comprendidos y seguros. Y cuando se sienten comprendidos… cambia su forma de estar en el mundo.
Si eres adolescente y estás leyendo esto:
Puede que sientas que nadie te entiende. Que todo cambia demasiado rápido. Que hay cosas que no sabes cómo explicar.
Este espacio no es para juzgarte ni decirte lo que debes hacer.
Es un lugar donde puedes hablar con libertad y entender lo que te está pasando.
No tienes que poder con todo tú solo/a.
Un espacio seguro para crecer y comprender.
Si sentís que vuestro hijo o hija está atravesando un momento difícil, no tenéis que afrontarlo solos. El acompañamiento terapéutico puede ayudarle a entender lo que siente, desarrollar recursos emocionales y recuperar el equilibrio. Estamos aquí para acompañaros.
Tal vez estés buscando un lugar donde poder sentirte segura/o. Un espacio donde puedas hablar de lo que no siempre se dice. Un lugar donde empezar a sanar.
Estoy aquí para acompañarte, con presencia, cuidado y compromiso.
Gracias por confiar.